Los toques por teléfono dejaron de tener sentido, aquellos que significaban que estaban pensando en nosotros. Los zumbidos de messenger. O quedar con alguien sin saber que ibas a hacer, ¡ahí!, a lo loco, a la aventura. Sin wathsapps que te digan lo planeado que ya tienes todo antes de quedar incluso.
Los "quieres salir conmigo", que se decían de pequeño, como los "quieres ser mi amigo", desaparecieron, porque aprendimos que con una pregunta no conseguimos nada, pues son sentimientos que se van ganando con el paso del tiempo. Cuando te das cuenta de que ya tienes al lado a la persona con la que quieres compartir tu vida, o de la que quieres formar parte en la suya.
Los "te quieros", que sin darnos cuenta, cuando los queremos decir ya sobran las palabras. Como los besos que se dan precedidos por una mirada con sonrisa incluida. Porque sale como la falta de aire que sientes en el pecho, indicio de que algo raro pasa ahí dentro. Que sale cuando de verdad lo sientes, cuando ese sentimiento ya no aguanta más, y decide manifestarle a la otra persona lo mucho que deseas hacerla feliz, en ese momento en el que os miráis, pero consecutivamente, durante cada momento de su vida.
Y te das cuenta de que la vida no es tan complicada como a veces la pintan. Que tan solo hay que dejarse llevar.
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