viernes, 2 de septiembre de 2016

Dejarse llevar

    Los toques por teléfono dejaron de tener sentido, aquellos que significaban que estaban pensando en nosotros. Los zumbidos de messenger. O quedar con alguien sin saber que ibas a hacer, ¡ahí!, a lo loco, a la aventura. Sin wathsapps que te digan lo planeado que ya tienes todo antes de quedar incluso. 

    Los "quieres salir conmigo", que se decían de pequeño, como los "quieres ser mi amigo", desaparecieron, porque aprendimos que con una pregunta no conseguimos nada, pues son sentimientos que se van ganando con el paso del tiempo. Cuando te das cuenta de que ya tienes al lado a la persona con la que quieres compartir tu vida, o de la que quieres formar parte en la suya. 


    Los "te quieros", que sin darnos cuenta, cuando los queremos decir ya sobran las palabras. Como los besos que se dan precedidos por una mirada con sonrisa incluida. Porque sale como la falta de aire que sientes en el pecho, indicio de que algo raro pasa ahí dentro. Que sale cuando de verdad lo sientes, cuando ese sentimiento ya no aguanta más, y decide manifestarle a la otra persona lo mucho que deseas hacerla feliz, en ese momento en el que os miráis, pero consecutivamente, durante cada momento de su vida. 


    Y te das cuenta de que la vida no es tan complicada como a veces la pintan. Que tan solo hay que dejarse llevar.

martes, 9 de agosto de 2016

Mujer independiente

         Era diferente al resto. Su sonrisa enamoraba sin necesidad de palabra alguna que la acompañase. La mirada brillaba junto a esos ojazos que miraban llenos de vida.
         Leía frecuentemente libros, muchos, para evadirse de la realidad que la rodeaba. Soñar cada noche era ser libre, antes de que se despertase para volver a una nueva pesadilla. La chica que lo daba todo, a cambio de nada. Y a medida que pasaba el tiempo, su pareja cada vez se volvía más posesiva y manipuladora.
         Y… sin darse nadie cuenta, esa sonrisa se iba apagando cada vez más, como una vela que se consumía poco a poco sin fijarte cómo iba empequeñeciendo. Y así creció, queriendo ser independiente.
         El momento en el que decidió ser fuerte, y alejarse de la persona que le comía cada vez más su personalidad, fue el momento en el que renegó del amor.
         Y tras muchas decepciones, y unos cuantos desengaños amorosos, llegó el chico ideal a su vida, pero había llegado demasiado tarde. No importaban los numerosos detalles que ofreciese, o las miles de sonrisas que regalase a la bella dama. Porque ésta había aprendido a ser tan libre, que ya no quería saber nada de lo que significaban esos sentimientos que podían llegar a atarla de nuevo. Y eso a estas alturas la aterraba.
         De modo que descubrió la felicidad, sin querer compartirla con nadie más que con ella misma.

-J. Vielsa-



miércoles, 13 de abril de 2016

Detalles

Perseguirnos por las escaleras camino a casa.
Pillarte, o que te dejes de pillar.
Comernos a besos en el umbral de la puerta.
Que las sonrisas hablen por si solas.
Menuda combinación hace tu mirada con esos ojos.
El abrazo de después de un tiempo sin vernos.
Los besos en el cuello que no cesan,
y ojalá nunca lo hicieran.
Los ‘te he echado de menos’,
con esa vocecita que te tiembla.
El olor de tu perfume pegado en mi almohada.
El ‘te quiero’ que escribiste en el post-it que aún conservo.
O aquel que grabaste en mi corazón a fuego.
El corazón en el vapor del espejo.
Tus dedos enlazados a los míos.
Menuda melodía hacen nuestros labios cuando se rozan.
Soñar contigo, y despertar a tu lado.
O el abrazo que me salva cuando me siento náufrago.
Vacilarme y que te muerdas el labio esperando mi respuesta.
Junto a esa sonrisa que me deja sin palabras.

Y esas cosas sin importancia que termina de llenarnos.

-J. Vielsa-