Perseguirnos por las
escaleras camino a casa.
Pillarte, o que te dejes
de pillar.
Comernos a besos en el
umbral de la puerta.
Que las sonrisas hablen
por si solas.
Menuda combinación hace
tu mirada con esos ojos.
El abrazo de después de
un tiempo sin vernos.
Los besos en el cuello
que no cesan,
y ojalá nunca lo
hicieran.
Los ‘te he echado de
menos’,
con esa vocecita que te
tiembla.
El olor de tu perfume
pegado en mi almohada.
El ‘te quiero’ que
escribiste en el post-it que aún conservo.
O aquel que grabaste en
mi corazón a fuego.
El corazón en el vapor
del espejo.
Tus dedos enlazados a los
míos.
Menuda melodía hacen
nuestros labios cuando se rozan.
Soñar contigo, y
despertar a tu lado.
O el abrazo que me salva
cuando me siento náufrago.
Vacilarme y que te
muerdas el labio esperando mi respuesta.
Junto a esa sonrisa que
me deja sin palabras.
Y esas cosas sin
importancia que termina de llenarnos.
-J. Vielsa-

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